Dos niños peruanos, no mayores de diez años, educándose para matar. No solo a otros. Sino a su alma, a su humanidad. A esa inocencia que sus propios padres les robaron. ¿A quién culpar? Niños llenos de odio, alimentándose de violencia y dolor. ¿El Perú avanza? ¿A dónde?
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